Conociendo el pasado: La edad de hierro

 EL TRÁNSITO DEL BRONCE FINAL A LA EDAD DE HIERRO:

Con el tránsito del Bronce Final al Hierro Antiguo la Península acoge la llegada de los primeros colonos fenicios a las costas meridionales y la influencia más o menos matizada de grupos transpirenaicos relacionados con diversos círculos de la Europa continental. En el caso concreto de las tierras madrileñas, el cambio no resulta tan espectacular como en otros círculos culturales. Sin embargo, la ruptura con la etapa anterior es tan brusca como en otras áreas del interior.
Entre los aspectos que mantienen una cierta continuidad destacan la persistencia de la arquitectura realizada a partir de materiales orgánicos con los que siguen construyendo estructuras de planta curvilínea dispuestas sin un orden aparente y los asentamientos ocupados durante unos ciclos. Pese a todo, las tierras madrileñas incorporan ciertas novedades estéticas y técnicas. Cabe mencionar que algunas de estas novedades pueden estar relacionadas con cambios culturales más profundos, como puede ser el consumo de nuevos productos o nuevas formas de cocina. En este sentido, es imprescindible señalar el importante cambio que se manifiesta en las formas y tamaños de los repertorios vasculares de mesa, a la par que las vasijas más finas reducen su tamaño generalizándose un tipo de pequeña taza de paredes muy finas, dotada de un pequeño umbo basal y caracterizada por un cuello troncocónico o esvasado y cuerpo de perfil muy acusado, en ocasiones carenado. Asimismo, los repertorios de cerámicas comunes cambian notablemente, observándose la aparición de piezas de gran tamaño que no estaban presentes en el Bronce Final y solo en el tránsito al Hierro II encontraremos los primeros indicios de cremaciones.


LA PRIMERA EDAD DE HIERRO:

El poblamiento:
Se enmarca entre la segunda mitad del siglo VIII y finales del siglo V a.C. Varios son los aspectos que caracterizan a este momento frente al Bronce Final: en primer lugar, el definitivo abandono de los lugares previamente ocupados y la instalación en puntos más altos. Además, solo esporádicamente encontramos la persistencia de ocupación y cuando esta se produce coincide con las pocas instalaciones del Bronce Final. El tamaño de esos núcleos es reducido, ya que apenas suelen ocupar unos centenares de metros cuadrados, pues hasta el momento no se han llegado a documentar agregaciones superiores a cinco cabañas. Esto indica que probablemente acogerían a un grupo reducido de individuos.
La economía debió tener una base agropecuaria similar a la anterior, aunque es probable que ahora se introduzcan nuevas especies y nuevos medios de explotación.
Se puede afirmar que nos encontramos ante un modelo de poblamiento rural disperso con núcleos de pequeño tamaño y con tendencia a la concentración en áreas de mayor interés económico y estratégico como pueden ser: los términos de Aranjuez y Alcalá de Henares o el cauce bajo del Manzanares.
La personalidad del Hierro I del área nororiental de la submeseta sur en el que se integra la región de Madrid estriba en una perfecta combinación de tradición y renovación en un contexto social que no muestra signos de rupturas bruscas. En cuanto a las características de los asentamientos se manifiesta que la zona es deudora de las tradiciones locales y, posiblemente, con una estructura social bastante próxima a la de sus antecesores y todo indica que son de escaso tamaño. En cuanto a las habitaciones se identifican con estructuras dispersas en el terreno con un zócalo, de unos 10 a 20 centímetros excavados en el subsuelo, cerradas con manteadas de barro y materiales vegetales. Tanto la superficie como la morfología de estas estructuras resulta muy heterogénea, con plantas que van desde la circular hasta la pseudorectangular con cabecera absidada, pasando por las de tendencia oval o de perfil lobulado y con el acceso mediante pequeña rampa o escalón.

El mundo funerario:
Es el aspecto más desconocido, ya que hasta ahora no se conocen ni enterramientos aislados ni necrópolis que, con seguridad, puedan vincularse a esta etapa. Por otra parte si la posible ausencia de enterramientos fuera cierta, esta sería heredada del Bronce Final en el que se pierden la antigua tradición de la inhumación.

Los elementos muebles y las relaciones con otras áreas culturales:
Desde el punto de vista de las producciones cerámicas, se observa una cierta ruptura por el abandono de las morfologías y los recursos ornamentales anteriores, aunque aún se pueden destacar algunos aspectos que marcan una continuidad. Entre ellos observamos la preferencia por los tonos oscuros de las pastas cerámicas, su acabado cuidado, la preocupación de resaltar la decoración realizada con instrumentos agudos, la continuidad de los temas ornamentales de carácter geométrico, frecuentemente agrupados en metopas.
Entre las variantes de cerámicas finas decoradas destacan, por su relativa abundancia las cazuelitas de paredes finas con incisiones a menudo rellenas con incrustaciones de pigmentos rojos o incluso con bricomías rojo-amarillo. La distribución de esta ornamentación en el mapa de la Península aparece bien delimitada en torno al sudeste peninsular.
Una variante más que vincula al Tajo Medio-alto con el sudeste la tenemos en el gusto por los acabados de “engobes rojos” que recuerdan la estética de los barnices rojos fenicios. Aunque, en este caso están aplicados sobre ejemplares hechos a mano con las técnicas indígenas y sobre morfologías también indígenas. Estos engobes se aplican tanto en ambas superficies como exclusivamente en la exterior y puede adquirir cromatismos y grados de adherencias diversos.
La presencia esporádica de otro tipo de acabados como es el caso del grafito reconocido en un ejemplar del Cerro de San Antonio marca contactos más intermitentes con la cabecera del Tajo y con el ámbito donde posteriormente se desarrollará la Celtiberia ulterior en las provincias de Guadalajara y Cuenca donde este recubrimiento resulta especialmente abundante en algunos yacimientos.
Entre los rasgos no muy frecuentes que nos aproximan a ambientes más relacionados con el mundo del sudoeste esta variedad decorativa resulta más frecuente en el extremo suroccidental de Madrid (en torno a Aranjuez), área donde también aparecen algunos recipientes con incrustación de botones de bronce que nos lleva a idénticos contactos, sin duda por la mayor vinculación del Valle Medio del Tajo con el ámbito orientalizante del occidente peninsular.
Las influencias se confirman también en los motivos y composición de la decoración geométrica, en la presencia escasa de la figura humana e incluso en la excepcionalidad de la secuencia de lotos de un fragmento procedente de Aranjuez.
En cuanto a los objetos metálicos destaca su escasez, aunque se hace referencia a una renovación de la tipología de los útiles. Un ejemplo es la sustitución de las fíbulas de codo por otros modelos como es el caso de la fíbula de puente simple.
Todos los datos derivados de los materiales muebles nos llevan al reconocimiento del Hierro I madrileño como un horizonte cultural perfectamente imbricado en la nueva mecánica de relaciones que afecta a la Península Ibérica como consecuencia del cambio cultural impuesto por los contactos con el mundo continental europeo y el establecimiento de las colonias fenicias.


LA SEGUNDA EDAD DE HIERRO:

Han sido pocos los trabajos de campo sistemáticos destinados a conocer los yacimientos de la Segunda Edad del Hierro en la región madrileña.
Las producciones manuales en cerámica son de filiación meseteña con predominio de motivos impresos, estampillados o incisos. Estas series vasculares conviven con variedades torneadas a partir de la adaptación de la rueda de alfar desde, al menos, inicios del S. IV a.C.
Entre los nuevos tipos destaca la cerámica pintada con temas geométricos, de influencia ibérica, y la jaspeada, con una decoración que imita la madera al aplicar un engobe de tono rojizo-marrón a la superficie del vaso. Esta variedad es uno de los elementos más representativos del conjunto material carpetano, aunque resta todavía por hacerse un estudio detallado de este tipo cerámico que se expande más allá de la carpetania, documentándose a mediados del s.IV a.C. En menor proporción encontramos también las vajillas a torno, como son cierto tipo de producciones grises estampilladas o peinadas. Tampoco podemos olvidar la presencia, cada vez más expresiva, de cerámicas importadas, en especial vajilla ática de barniz negro y piezas de barniz rojo, casi siempre en forma de pequeños fragmentos procedentes de vasos.
Sobre la metalurgia apenas encontramos datos. Sabemos que entre los objetos de hierro está presente el cuchillo de hoja curva. Entre las producciones de bronce se conocen algunas fábulas cuya tipología nos indica una amplia red de relaciones. Los ejemplares más antiguos son las de doble resorte, se han recuperado también tipos anulares, con o sin timbal.
Respecto al hábitat, a diferencia de la heterogeneidad de las esferas cercanas en el tiempo y espacio, el patrón de asentamiento mantiene durante largo tiempo una red de pequeños establecimientos cuyas dimensiones apenas sufren variaciones con respecto a los de la Edad del Bronce o el Hierro Antiguo. La red de asentamientos menores se nos presenta como pequeños caseríos instalados en llano, generalmente al borde de las terrazas fluviales más altas. Solo en un momento más avanzado empiezan a construirse de forma más generalizada recintos realizados en adobes sobre zócalos líticos que desarrollan plantas rectangulares o cuadrangulares. Hasta ahora, no se han conocido obras de tipo defensivo. Lo más característico son los pequeños núcleos con fondos de cabaña que conforman ocupaciones de duración limitada, generalmente en zonas rasas, pero también sobre aterrazamientos fluviales. Son hábitats tradicionales desde la Edad del Bronce y frecuentes en todo el territorio de este estudio.

Las manifestaciones funerarias se mantienen fieles a su tradición. El ritual de cremación aparece en Madrid a partir del siglo V a.C. Sin embargo, todo apunta a que no se desarrollaron grandes cementerios a consecuencia del poblamiento disperso que hemos señalado. Es digno de señalar la ausencia de ajuares, entre cuyos elementos existe una ausencia de armas y objetos de prestigio. Se puede afirmar, por tanto, que estamos ante una sociedad poco jerarquizada.

Conociendo el pasado: Horizonte campaniforme y la Edad de Bronce

HORIZONTE CAMPANIFORME:

Se desarrolla del III al II milenio a.C. Está caracterizado por la ornamentación de sus cerámicas más cuidadas y por coincidir con la generalización de la metalurgia en la región de Madrid. Esta etapa coincide con una gran intensidad de poblamiento de las tierras madrileñas, particularmente en torno a las terrazas fluviales.
Mirando al mapa se puede comprobar una concentración en torno a las cuencas fluviales y tramos finales de los principales ríos madrileños: Manzanares, Henares, Tajuña, Jarama y Tajo. Esto es debido a dos causas: La sobreexplotación de estos tramos de terrazas por la extracción de áridos y la intensa urbanización en tiempos recientes, lo que ha propiciado el descubrimiento de depósitos arqueológicos. Y el mayor atractivo que estas zonas ejercieron sobre las poblaciones primitivas, gracias a la abundancia de agua y a la mayor extensión de zonas inundables que facilitan las actividades agrarias y ganaderas.
En cuanto a los hábitats se tratan de un tipo de delimitación natural. Todos se caracterizan por la ausencia de obras defensivas antrópicas visibles y por una arquitectura doméstica realizada en materiales perecederos que no ha dejado otro indicio que las estructuras excavadas en el subsuelo en las que pocas veces es posible definir con claridad auténticos fondos de cabaña.
En cuanto a la arquitectura comunal, únicamente es posible intuir que en algunos casos se excavaran fosos defensivos o delimitadores, rodeando el perímetro habitacional.
En cuanto a las manifestaciones funerarias: se asocian a monumentos megalíticos con inhumaciones múltiples, de lo que es un buen ejemplo el dolmen de Entretérminos ubicado en Collado-Villalba o Alpedrete, en la Sierra de Guadarrama. Los enterramientos realmente característicos de la región de Madrid son las tumbas en fosa abiertas en el mismo momento de la inhumación y que luego se cubrían con tierras y un pequeño túmulo de piedras de desigual tamaño que permitía la localización exacta del lugar. Se trata de hoyos de, aproximadamente, 1 metro de diámetro por unos 70 centímetros de profundidad, en ellos se depositaban una o dos inhumaciones con el cuerpo encogido. Cada vez hay más pruebas de que los enterramientos se practicaban en las proximidades o, a veces incluso, en el interior de los poblados. Esa tradición se mantendría durante la Edad de Bronce.
Entre los objetos muebles, resulta muy significativa la cerámica y los ejemplares más cuidados ornamentados con técnicas de incisión o puntillado, con las que se crean diseños geométricos. Excepcionalmente, hay alguna pieza con elementos figurativos.
Esta es la primera etapa de la prehistoria en la que tenemos conocimiento del uso de los objetos metálicos y de su elaboración. La materia prima utilizada es mineral procedente de la Sierra Madrileña. Tanto la composición de los objetos como la tipología y tecnología desarrollada en su elaboración es equiparable a la del resto de la Península. Frente a la renovación de las industrias cerámica y metalúrgica, la lítica y la ósea ofrecen una clara continuidad con respecto a los horizontes anteriores.


EL BRONCE CLÁSICO: EL HORIZONTE DE CERÁMICAS LISAS

Caracterizado por el gran desarrollo que alcanzan los “capos de silos”. Los hábitats aumentan de tamaño. Además, los enterramientos en el interior de los poblados se hacen más numerosos.
El bronce Clásico del centro y norte peninsular cuenta con la existencia de grupos con una gran personalidad. Se puede observar que, en los primeros momentos de esta fase, hay elementos comunes con el Horizonte Campaniforme y, en las etapas avanzadas, se observa de una cierta identificación con la posterior.
El prototipo del hábitat madrileño lo representa el poblado del Tejar del Sastre, situado a orillas del Manzanares, en él faltan indicios que puedan ayudarnos a delimitar la forma y tamaño de las cabañas. Por otra parte, en estos poblados se llevaban a cabo tareas cotidianas y actividades industriales como la metalurgia. Por otra parte, el desarrollo de una arquitectura de de plantas curvilíneas aleja a estos establecimientos “de silos” de los patrones urbanísticos más conocidos de los yacimientos en altura del área argárica e, incluso, de las características arquitectónicas de los asentamientos en bajo de este círculo cultural.
En cuanto a la distribución de los asentamientos hay que destacar su especial concentración en el área metropolitana de Madrid, particularmente en los distritos del centro y del sur, algunos conocidos hace ya tiempo y otros muchos documentados recientemente.
Ritual funerario: lugares de enterramiento tradicional, para inhumaciones colectivas, como pueden ser las cuevas o grietas naturales. Entre las cuevas madrileñas que pueden contener enterramientos en la Edad del Bronce se encuentra la de Pedro Fernández, posiblemente vinculada a un poblado exterior localizado junto a la boca de acceso. Sin embargo, los enterramientos más conocidos son los practicados en tumbas individuales o dobles, abiertas en el interior de los poblados.
La morfología de las tumbas en fosa nos permite agruparlas en dos tipos:
a)      De planta circular u oval como las de La Presa del Rey, Terrazas del Manzanares, Fábrica de Euskalduna-El Espinillo y El Tejar del Sastre.
b)      De planta circular en la boca pero con un nicho abierto en la zona inferior de la pared donde se coloca el cuerpo del difunto.
El material mueble más habitual en contextos de este horizonte es el cerámico, los recipientes más cuidados se caracterizan por su perfil carenado, con la línea de carena a medida o baja altura y por un acabado espatulado. Las únicas decoraciones existentes son aplicaciones plásticas de mamelones, muchas veces dispuestos sobre la línea de carena. Entre los contenedores de gran tamaño son frecuentes los perfiles ovoides y las decoraciones de cordones lisos o con impresiones.
La metalurgia recuperada es muy escasa y responde a tipos bastante arcaizantes: puntas de pedúnclo, punzones, puñales de lengüeta, hachas planas, etc. Pero junto a estos objetos se han obtenido dos piezas excepcionales: una alabarda y una espada. Aunque es probable que estas piezas fueran importadas, tenemos constancia de la práctica de la actividad metalúrgica en algunos poblados como el Tejar del Sastre que ha proporcionado piezas acabadas.
El material lítico evidencia la perduración de una talla laminar, aunque en menor proporción que en los horizontes previos. En los objetos elaborados destacan, por su número, los elementos de hoz.
En suma, en el Bronce Clásico se presentan no pocos rasgos que denuncian paralelos importantes con el resto de los círculos culturales bien definidos del Bronce pleno peninsular.

Conociendo el pasado: Neolítico y calcolítico precampaniforme

Es difícil precisar cuándo y en qué condiciones se produce la adquisición de la domesticación de animales y plantas por parte de los grupos que habitan el área madrileña durante la primera parte del Holoceno.


EL PAISAJE HOLOCENO DE LA MESETA:

Los datos ambientales que poseemos para la Meseta son muy escasos. A partir de los primeros análisis publicados se ponía de relieve que el interior peninsular sería una zona estépica, sin árboles salvo excepciones, favorecida por el suelo y el clima. Durante el preboreal hay un predominio de Pinus Quercus, con un clima seco y frío. En el boreal se experimentaría una mejora climática que se tradujo en el desarrollo del Quercetum mixtum y en la disminución de pinos y abedules. Finalmente en el período Atlántico la vegetación sería de robles y encinas, acusándose algo más de humedad.
Los escasos análisis de yacimientos madrileños corresponden al poblado de El Ventorro y el situado en la carretera de San Martín de la Vega. En ellos se han detectado pólenes de cereal, pero también un medio bastante más boscoso que el actual. Aunque pertenecen a momentos culturales más tardíos, proporcionan una información, desde el punto de vista climático, que podemos tomar como referencia. Los datos del segundo de los yacimientos indican para el subboreal una zona de paisaje estépico y vegetación muy degradada. Los pólenes arbóleos son escasos, en su mayoría pertenecen a Pinus y algunos a Quercus, Fraxinus, Tilia y Populus. Casi la totalidad de la cobertura vegetal está constituida por compuestas ligulifloras.


LOS GRUPOS NEOLÍTICOS MADRILEÑOS:

No hay muchos datos sobre el Neolítico madrileño. Sin embargo, se puede afirmar que las ocupaciones se producen en cueva y al aire libre, en estribaciones montañosas y en los valles de los ríos. Por el contrario, solo se ha podido especular en torno a la explotación de los recursos o a la forma de adquisición del alimento, y que no se poseen más que datos indirectos.
Los hallazgos y el estudio del Neolítico madrileño se han centrado hasta ahora en dos núcleos principales: la zona Sur-Sureste de Madrid y la Sierra (en concreto la cabecera del Jarama).


LA CONSOLIDACIÓN CAMPESINA EN EL TERRITORIO MADRILEÑO:

En las sistematizaciones tradicionales, el Calcolítico representa el comienzo de la metalurgia del cobre en sentido estricto, pero la experiencia arqueológica demuestra que esto no siempre es así y que, más bien, la intensificación agrícola y los cambios en la sociedad no impulsados por la metalurgia son los rasgos más significativos del momento.
La aparición del vaso campauniforme marca, en este sentido, un cambio en distintos órdenes. Por tanto, se podría decir que las divisiones establecidas son convencionales y que el límite resulta difícil de precisar. En la Meseta, la continuidad parece estar clara.
Los yacimientos de El Ventorro y de Las Carolinas, ambos en Villaverde, ofrecieron momentos precampaniformes y campaniformes estratificados, pero la caracterización de los hallazgos de este último es incompleta por lo que no puede ser empleado para establecer una secuencia. En otros casos, la presencia de estas vasijas tampoco vale para la datación de los yacimientos.
Los datos suministrados por algunas de las Cartas Arqueológicas publicadas muestran la abundancia de yacimientos calcolíticos en algunos de los términos: El valle del Tajuña ha sido uno de los que ha suministrado un número elevado sobre todo por la comparación con el Neolítico. En concreto, fueron identificados yacimientos en la vega, en ladera y en el páramo. El término de Villarejo de Salvanés (Sureste madrileño) cuenta con la presencia de abundantes yacimientos, situados fundamentalmente en la mitad sur del término por donde discurre el Tajo y la mayoría de los cursos de agua en cuyas márgenes se hallan. Finalmente, en términos como Camarma de Esteruelas, puede señalarse la presencia de un único yacimiento catalogado como Calcolítico/Bronce.
La fase a la que nos referimos se atestigua en poblados de “fondos de cabaña” y en otros situados sobre elevaciones que dominan los valles fluviales y que están asociados a cavidades empleadas como enterramiento. Su cerámica es lisa con cuencos profundos y vasijas ovoides con paredes entrantes que pueden tener pequeños mamelones o perforaciones junto al borde, aunque normalmente son otros los fragmentos decorados.
Sin embargo, existen variaciones en el equipo material, por lo que se pueden establecer dos tipos de conjuntos industriales:
-       El más antiguo estaría integrado por yacimientos como La Esgaravita (Alcalá de Henares), el Cerro de la Cervera (Mejorada del Campo) y El Capricho (Barajas). La industria de Sílex era no laminar en su totalidad, con tipos muy poco característicos acompañados, a veces, de raspadores de “piedra de fusil” o puntas de retoque plano. La industria ósea se compone de punzones, algún alfiler y cuentas de collar. Estos elementos de adorno se completan con una cuenta de jadeíta.
-       El segundo conjunto aparece en Juan Barbero (Tielmes), Pedro Fernández (Estremera) y El Ventorro con una mayor variedad de tipos. La industria lítica ofrece útiles sobre lasca y sobre lámina, además de grandes denticulados sobre sílex tabular y puntas de flecha foliáceas, lanceoladas o con aletas y pedúnculo. Había también hachas pulimentadas, molederas, alisadores y cuentas de collar de caliza. La industria ósea se compone de punzones mejor elaborados que los del otro conjunto industrial, espátulas, cuentas de collar y colgantes sobre colmillos de jabalí. Por primera vez aparecen en este conjunto punzones de cobre.

En cuanto a lo que a la fauna respecta, son escasos los datos que la fauna calcolítica ha aportado. Esto es debido a las dificultades encontradas para su realización (excavaciones antiguas, escasa fiabilidad de la identificación, imposibilidad de tabular los restos, etc.). En el Cerro de la Cervera se identificó un “cánido joven”. Como dato de interés, cabe recordar los restos de conchas marinas recuperados en la excavación más antigua de la Loma de Chiclana que, en todo caso, evidenciaban contactos a larga distancia. Como conclusión cabe destacar que la fauna parecía ser escasa en los yacimientos calcolíticos, esto puede deberse a una recuperación parcial de la misma.


EL MUNDO FUNERARIO:

Los datos son escasos, pero todos indican la práctica del enterramiento colectivo frente al individual precedente y posterior campaniforme, tanto en las cuevas naturales como en los monumentos megalíticos.
Posibles enterramientos múltiples se documentan en la zona Sureste de Madrid, como en el Cerro de Juan Barbero, donde se recogieron restos humanos depositados en las grietas abiertas de los yesos. Entre los ejemplos más curiosos encontramos el de un adulto femenino que presentaba signos de haber sido sometido a la acción del fuego y otro, un varón, con manchas de ocre sobre los huesos que se han interpretado como procedentes de la mortaja. Por último, el fémur de un niño de unos 6 años debió de ser sometido a una amputación quirúrgica con fines terapéuticos.
En la misma área, la Cueva de Pedro Fernández proporcionó, en su sector oriental, restos humanos depositados en el suelo. En la unión del suelo de algunas galerías con la pared se hallaron también amontonamientos de huesos.
Pero la verdad es que el único monumento megalítico en sentido estricto es el dolmen de Entretérminos. Las circunstancias del hallazgo impidieron conocer el número exacto de enterramientos y los momentos de utilización del monumento. Este sepulcro de corredor conservaba únicamente dos losas de la cámara, un corredor incompleto orientado al Sur y se hallaba cubierto con un túmulo de 30 metros de diámetro, delimitado por una segunda fila de losas hincadas artificialmente. En el ajuar se encontraron varios elementos de metal, además de cerámica campaniforme.
En el IV milenio se documenta también el enterramiento colectivo en los yacimientos de la Meseta norte, en momentos coincidentes con los yacimientos considerados neolíticos. En el caso de Madrid, se le ha asignado una cronología algo posterior.


ARTE RUPESTRE PALEOLÍTICO EN MADRID: LA CUEVA DEL REGUERILLO

La Cueva del Reguerillo se localiza en las estribaciones de la Sierra de Guadarrama, al Noroeste de la Comunidad de Madrid, en el Cerro de la Dehesa de la Oliva. Fue declarada Monumento Histórico-Artístico de la Nación en 1944 por contener grabados paleolíticos. El descubridor de este hallazgo fue Don Manuel Maura, Comisario Provincial de Excavaciones en Madrid, quien solo publicó la sucinta.
En el estudio de esta destacan los trabajos geomorfológicos y paleontológicos del Doctor Trinidad Torres y la intensa actividad espeleológica llevada a cabo entre 1954 y 1974 que culminó con el descubrimiento y diferenciación neta de tres regiones o pisos situados a distinto nivel.
Los grabados paleolíticos se localizaron en el primero y más alto de los pisos con la boca abierta al NorOeste.

Conociendo el pasado: Paleolítico y epipaleolítico

La región de Madrid fue pionera en el campo de la investigación prehistórica. En abril de 1862 un grupo de investigadores descubrieron el yacimiento paleolítico del cerro de San Isidro. El río Manzanares vino con ello a convertirse en un centro de atención esencial dentro de los estudios de la Prehistoria peninsular. Sin embargo, con la llegada de la Guerra Civil, las investigaciones disminuyeron bruscamente.
Uno de los más antiguos problemas con el que se enfrenta el estudio del Paleolítico en Madrid es la abundancia y dispersión de materiales procedentes de recogidas antiguas.


EL MEDIO FÍSICO

Formaciones litológicas y geomorfológicas:
 Dos grandes complejos geológicos dominan la región de Madrid: la Sierra de Guadarrama y la depresión del Tajo, diferenciados a partir del terciario merced a los procesos de basculación.
La litología madrileña se caracteriza por la presencia de materiales ígneos de tipo granítico en la zona serrana por la existencia de arenas, yesos, arcillas, carbonatos sílex y arcosas en la depresión, y por materiales similares en los depósitos cuaternarios supuestos a estas formaciones.
Se pueden localizar distintos procesos morfogenéticos en la región, entre los que cabe destacar coluviones y derrames relacionados con los procesos de gravedad en vertientes, llanuras aluviales y los rellenos de fondo valle.
Los complejos sistemas de terrazas de los ríos Manzanares y Jarama constituyen uno de los problemas geológicos de mayor significación por su tradicional aplicación como marcador cronológico y cultural en los estudios del Paleolítico. La secuencia de terrazas en nuestro entorno es fundamental, pues han permitido la conservación de restos materiales paleolíticos. Actualmente se considera que la mayor parte de las secuencias de la submeseta sur tienen un origen climático.
Las principales secuencias de terrazas en la Comunidad de Madrid coinciden con las zonas arqueológicamente más ricas, las del Manzanares y el Jarama.

Reconstrucción del paisaje:
Tratar de ofrecer una reconstrucción ambiental para el cuaternario en nuestra zona es una tarea muy complicada, pero gracias a algunos trabajos se presentan estudios que permiten reconstruir un modelo que confirma la alternancia climática y muestra las siguientes condiciones:
  • ·         Pleistoceno Inferior-Medio: tres períodos de frío y aridez continentalizados en alternancia con otros tres cálidos y húmedos.
  • ·         Pleistoceno Superior: un período de frío con inicio de pulsos contrastados en esta secuencia.
  • ·         Holoceno: dominio de climatología fría.


Los pocos estudios realizados en yacimientos con presencia humana muestran la existencia de climas estacionales cercanos al actual, pero con diferencias ecológicas. Ello nos permite aventurar la existencia de formaciones vegetales cercanas a las que actualmente definen la serie mesomediterránea.
La flora de este ámbito podría incluir en momentos de máximo frío la asociación de pinus sylvestris con posibilidad en zonas más septentrionales de fagus o Picea. En momentos más cálidos podrían existir asociaciones de Pinus Sylvestris con Quercus.
En cuanto a las asociaciones de fauna cabe destacar que han sido empleadas como indicadores paleoecológicos, cada vez parece más evidente que el carácter ubicuo de muchas de estas especies limita las conclusiones ambientales tradicionalmente empleadas.


ANTROPOLOGÍA

Hasta ahora no han sido localizados testimonios de los primeros pobladores de la Comunidad de Madrid. Es obligado señalar Atapuerca como una referencia inevitable de la antropología madrileña, ya que aquí han sido localizados los restos más antiguos de Europa hasta el momento, pertenecientes al Pleistoceno Inferior y denominados con el nombre de Homo  Antecessor.
Otros testimonios conocidos hasta ahora en la Comunidad han sido los restos de dos molares atribuidos a Neandertales de la segunda mitad del Pleistoceno Medio.


PRINCIPALES YACIMIENTOS Y CARACTERÍSTICAS INDUSTRIALES:

Paleolítico Inferior
La mayoría de los yacimientos del Paleolítico Inferior se encuadran en las diferentes fases del Achelense, sobre todo del Achelense Medio.
Las industrias asociadas a estos yacimientos se componen principalmente de utillaje elaborado sobre nódulos o grandes lascas, con porcentajes marcadamente bajos de cantos trabajados. La ausencia de cantos trabajados y menores porcentajes de triedros y hendedores, respecto de los bifaces podría explicarse por la propia génesis de las matrices en la zona.
Los bifaces son los elementos que han servido y sirven para establecer criterios cronoculturales de peso en nuestro ámbito.
Esta gran industria se realizaba sobre nódulos, grandes lascas y, con frecuencia, sobre fragmentos. Se ha señalado en ocasiones el carácter multifuncional de los bifaces para los procesos de aprovechamiento y despiece de animales, en el trabajo de la piel, la madera, para cavar...
Junto al utillaje ya mencionado se encuentran los útiles elaborados sobre lascas y fragmentos, compuestos de raederas, lascas con retoques, denticulados, estacaduras o cuchillos, entre otros.
Pero, como ya he dicho, la pieza que generalmente nos da la pauta del cambio es el bifaz. Este elemento podría evolucionar en estos momentos desde los tipos de talla parcial, con contornos sinuosos y asimétricos, resultado de una escasa programación técnica y del empleo de percutores de baja calidad o duros del Alchelense Medio a elementos más perfeccionados y de morfologías equilibradas.
A lo largo del Achelense Superior la presencia de secuencias de talla Levallois inicialmente recurrentes irá extendiéndose. Estas técnicas, mediantes la separación de soportes de manera específica, ampliarán el repertorio de las industrias a manejar.

Paleolítico Medio:
Lo primero que se aprecia en esta época es la imposibilidad de llevar a cabo la sistematización de las facies francesas del Musteriense.
En estos momentos tenemos bien documentados importantes yacimientos entre los que podemos citar La Parra, Las Fronteras-Pinto, El Negralejo o las Canteras de Vallecas-Camino de Salmedina, entre otras.
Tradicionalmente se ha señalado que las industrias del Paleolítico Medio cambian respecto al Inferior por la forma y proporción en que aparecen determinadas características técnicas, ya que no se registran cambios importantes ni en los modelos de explotación del medio, ni en los tipos industriales. En cuanto a la materia prima empleada se empieza a apreciar una creciente selección de la misma, ya que la evolución técnica conlleva la necesidad de materias primas de mejor calidad. Por otra parte, en este momento comienzan a utilizarse las raederas, denticulados, escotaduras, cuchillos de dorso y las puntas.

Paleolítico Superior:
Hay pocos yacimientos con industrias líticas y óseas que permitan establecer una secuencia en las ocupaciones de este territorio durante el Paleolítico Superior y etapas inmediatamente posteriores.
Se conocen, desde hace tiempo, algunos testimonios en las terrazas del río Manzanares que proporcionaron en su momento abundantes materiales, pero con una atribución cultural muy problemática. Este es el caso de El Sotillo, Tejar de Portazgo, Casa del Moreno, Huerto de San Andrés o Prado de los Laneros, entre otros.
La cronología atribuida a las industrias líticas y óseas de los yacimientos de la Meseta es muy amplia. El caso de El Sotillo apunta a la posibilidad de encontrarnos para el Valle del Manzanares con dos momentos cronológicos separados en el tiempo; por un lado momentos musterienses y por otras fases de un Paleolítico Superior avanzado.
Respecto al arte, gran parte de los historiadores sitúan estilísticamente las manifestaciones de la Meseta en dos momentos avanzados del Paleolítico Superior: el paralelo al Solutrense Superior y el otro en el que se encuentran la mayor parte de los restantes yacimientos con arte Paleolítico de la Meseta. Sin embargo hay que destacar la imposibilidad de elaborar para la zona una secuencia con cierta garantía, debido a la escasez y dispersión de los testimonios, el carácter heterogéneo de los yacimientos o las propias limitaciones de las evidencias conservadas. Los rasgos más característicos del Paleolítico Superior varían respecto al Medio en la estilización de las formas, siendo, nuevamente, la talla bifacial la más representada. Como elementos más característicos encontramos una talla laminar de grandes dimensiones, raspadores en extremo, raederas y buriles diedros y sobre truncadura. Los momentos finales muestran una presencia de talla microlaminar y de geometrismo.


MODELOS DE OCUPACIÓN Y EXPLOTACIÓN:

Distribución espacial del registro arqueológico:
La tradicional ocupación del área central y meridional de nuestra Comunidad durante el Paleolítico Antiguo se ha visto completada por la existencia de nuevos conjuntos en regiones septentrionales, así como la contrastación de una importante ocupación de los cauces secundarios.
Durante el Paleolítico Superior y Epipaleolítico el panorama parece cambiar tanto por el número de yacimientos con que contamos como por su distribución. La información con que contamos para analizar el poblamiento proviene, además de por los conjuntos industriales, por la presencia de restos de arte rupestre y mueble. Dentro de la Comunidad de Madrid solo se cuenta con un yacimiento con arte antiguo: la Cueva del Reguerillo. Últimamente, además de confirmarse la ocupación en la zona serrana se constata la presencia de una importante concentración de yacimientos posiblemente solutrenses en el curso medio del Manzanares, probablemente relacionados con la explotación de recursos líticos de buena calidad.

Hábitat:
Por el momento se carece de yacimientos que funcionen como campamentos en los entornos fluviales. Todo parece indicar que estos entornos de ribera no cumplían las condiciones necesarias para establecer campamentos, sino por el contrario zonas de enorme atracción para la adquisición de recursos. Por ello, lo más que ha podido ser descubierto ha sido la existencia de “altos de caza” con carácter provisional. De existir ocupaciones e este ambiente nos encontraríamos como campamentos al aire libre con un carácter de ocupación temporal.
Sin embargo, sí se podría pensar que pudieron darse ocupaciones más estables en zonas algo más alejadas de los cursos de los ríos y en las formaciones cársticas del norte de la Comunidad.

Modelos de explotación de recursos biológicos:
Nuestro entorno ha dejado muchos testimonios que responden a la explotación, durante fases del Paleolítico Antiguo, de grandes especies. También en este caso caben interpretaciones distintas. O bien la existencia de modelos de carroñeo activo en el que el grupo accede a la carcasa con un repertorio lítico previamente elaborado, o bien de forma oportunista y deambulante aprovechando de manera inmediata los recursos que salen a su encuentro.
En cualquier caso, se constata una continuidad del modelo de explotación de carcasas a lo largo del tiempo, con especial atención a los Elephas.

Modelos de explotación de recursos líticos:
El sílex ha ejercido un papel fundamental en la ocupación paleolítica de la Comunidad. Las cuencas de los principales ríos se encuentran dominadas por importantes cantidades de industrias elaboradas mayoritariamente en sílex y cuarcita. Durante el Paleolítico Inferior las industrias líticas de nuestra zona tienden a decantarse hacia los recursos más cercanos de la zona de ocupación. De esa manera, en el Valle del Manzanares, la industria lítica está constituida mayoritariamente en sílex, frente a los yacimientos de la cuenca del Jarama en los que la cuarcita es la materia prima más representada. Incluso es posible encontrar la explotación de materias poco aptas para la talla en zonas como en el Sistema Central, en donde ni la cuarcita ni el sílex están presentes.
Para algunos, el modelo existente es el de captación inmediata. Este modelo parte de la idea de que existe poca o ninguna capacidad de programación por parte de las comunidades a la hora de obtener sus recursos líticos. Podemos encontrar una estrategia tan expeditiva ya que el Manzanares o el Jarama son cursos en cuya carga existen importantes cantidades de materias primas susceptibles de ser talladas. Además, suele ser común el hallazgo de piezas elaboradas en materias primas no locales.
La aparición de las facies de “tallares” es otro de los argumentos que matizan en cierta medida esta estrategia. Algunos de los testimonios que en los últimos años parecen poner de manifiesto un modelo más rico en la obtención de recursos líticos en la zona centro meridional y las cuencas son Soto e Hijos, Perales del Río, la Gavía, la Torrijana, etc.

Junto a los yacimientos descritos como “talleres” habría que sumar otro tipo de yacimientos caracterizados por la presencia de grandes agregados de industria dispersa de forma superficial. Sin duda, la concentración de yacimientos en la región central de Madrid responde a procesos genéticos complejos. La interpretación más probable es que se traten de extensas áreas de talla acumuladas durante amplios períodos de tiempo. En cualquier caso se caracterizan por poseer una gran heterogenidad tanto técnica como en sus alteraciones y por ubicarse en zonas cercanas a depósitos de materias primas tanto primarios como secundarios. Estos yacimientos no parecen ser parte de terrazas desmanteladas y sí el resultado de acumulaciones antrópicas sucesivas que sufren procesos erosivos de arroyada o escorrentía. En la cuenca baja del río Manzanares se localizan la mayoría de los yacimientos superficiales, de extensión mal delimitada, en ámbitos cercanos al páramo terciario ricos en afloramientos de sílex. De hecho, estos yacimientos y la industria que contienen parecen indicar que el concepto de continuidad en la explotación de recursos biológicos se extiende igualmente a los recursos líticos. Podemos de esta forma observar cómo el modelo está presente tanto en fases del Paleolítico Inferior, como del Medio y es posible que en el Superior. El modelo de explotación de recursos lícitos en la zona norte parece cambiar en la medida en que los recursos de buena calidad son más escasos. En general a lo largo del Paleolítico Inferior y Medio se produce una clara adaptación a las materias primas locales, aunque siempre es posible encontrar materiales procedentes de contextos alejados.

Conociendo el pasado: Terciario y cuaternario

 MADRID DURANTE EL TERCIARIO:

Desde el final del Cretácico hasta el comienzo del Paleógeno se aprecia una progresiva continentalización, puesto que las condiciones anteriores cambian por una elevación del Sistema Central y de la retirada del mar. El modelo geológico que va a perdurar hasta comienzos del cuaternario se instala, comenzando un tipo de sedimentación diferente, claramente continental.
Durante el Mioceno (de los 20 Ma a los 10 Ma) una potente serie de sedimentos continentales se depositó en la Cuenca de Madrid. Procedentes de la Sierra, los materiales arcósicos se depositaron mediante un complejo sistema de abanicos aluviales que desembocaban en un lago salino situado en el centro de la cuenca. Este tipo de ambiente se mantuvo hasta el final del Mioceno superior cuando se detecta una reactivación tectónica de la cuenca con el desarrollo de incipientes cursos fluviales, a los que se superponen las “Calizas de los Páramos”.
Las faunas terciarias más típicas de Madrid corresponden al Aragoniense medio y superior (Mioceno Medio) y se distribuyen por toda la parte central de la comunidad. Se conoce que durante el Mioceno medio de Madrid existió un marco ambiental muy homogéneo, marcado por unas condiciones de aridez y temperatura elevadas.
Por otra parte, la composición faunística de estas zonas, aunque es muy variada, responde al mismo patrón. Los micromamíferos son principalmente cricétidos (hamsters), esciúridos (ardillas terrestres), glíridos (lirones) y lagomorfos (pikas y conejos); entre los carnívoros dominaban los anficiónidos (cánidos muy primitivos), los hemiciónidos (úrsidos primitivos) y los félidos; las formas macroherbívoras tenían un amplio espectro de tallas, desde los grandes proboscídeos representados por los mastodontes, hasta pequeños boscídeos de la talla del actual dik-dik. Entre los perisodáctilos; los rinocerontes y los caballos.


EL CUATERNARIO DE MADRID:

Este período es la última de las eras de la escala geológica. Su duración no alcanza los 2 últimos millones de años, ya que el límite inferior que se acepta generalmente y que lo separa del Terciario es de 1,64 Ma.
La justificación de una era de tan corta duración se debe a diversos hechos como: el desarrollo de períodos intensos de frío (glaciaciones).
El estudio del cuaternario informa de manera más completa sobre la comprensión de los procesos biológicos y geológicos más recientes, por lo que su conocimiento es imprescindible para la comprensión de los procesos naturales de eras pasadas, de la naturaleza actual y de su evolución futura.
Dentro de la Comunidad de Madrid, los depósitos cuaternarios más antiguos están representados por los sedimentos de las Superficies de Acumulación que descienden desde los bordes del Sistema Central hacia los valles de los ríos Tajo y Henares, que fueron los primeros en establecerse. En una etapa posterior se unen los cursos casi perpendiculares de los ríos Jarama, Manzanares y Guadarrama. Un caso particular en la evolución de la red hidrográfica es el río Manzanares.
Los depósitos más típicos del Cuaternario de Madrid están constituidos por depósitos fluviales formados por cantos, gravas, arenas, limos y arcillas que dan lugar a formas aplanadas y en escalera.

Los depósitos cuaternarios con yacimientos paleontológicos más abundantes en diversidad se encuentran en terrazas fluviales asociadas a procesos neotectónicos, este es el caso de los areneros del valle inferior del Manzanares como Adehuela, Arriaga, etc. con faunas del Pleistoceno medio final, o los del Jarama cerca de su confluencia con el río anterior como Áridos.

Antes de ser periodista...

Se llama estilo en el periodismo a la manera en que se escribe. Cada periodista tiene su estilo particular, pero existen una serie de ideas concretas y comunes a todos los periodistas. Una de las características básicas del estilo periodístico son las llamadas tres "C": Claridad (escribir con sencillez), corrección (Seguir las reglas y el diccionario de la RAE), concisión (el mensaje debe ser lo más breve y preciso posible, utilizando los términos exactos sin añadir más). Además, cada periodista opta por utilizar un tipo de estilo, el directo o el indirecto. El directo consiste en ir directamente "al grano" mientras que el indirecto trata de transmitir imágenes con las palabras.

Conociendo el pasado: La arqueología madrileña en la prehistoria I

Con Madrid y su arqueología inauguramos una nueva sección del blog. Se trata de una serie escrita, donde, al igual que ocurre con las series televisivas, cada semana se publicará una nueva entrada donde se ampliará la información sobre el tema que estemos tratando. Los asuntos tratados son auténticos cisnes negros; hechos relevantes, pero prácticamente desconocidos que han marcado un punto de inflexión en la historia. Sin más dilación comenzamos con el primero de ellos:

La Arqueología madrileña nunca ha sido un objeto de estudio popular entre los investigadores. De hecho, no será hasta finales del siglo XX cuando los estudiosos madrileños comiencen a publicar artículos sobre referencias arqueológicas cada vez más antiguas.
Por este hecho, encontrar referencias sobre la arqueología matritense se convierte en una ardua tarea que se complica cada vez más a medida que se quiere avanzar en la investigación, debido a la falta de documentación sobre dicho tema.
La presente investigación se centra en el estudio de la arqueología antigua de esta parte del territorio, prestando una mayor atención a los hallazgos arqueológicos descubiertos sobre la época Prehistórica.