Conociendo el pasado: Paleolítico y epipaleolítico

La región de Madrid fue pionera en el campo de la investigación prehistórica. En abril de 1862 un grupo de investigadores descubrieron el yacimiento paleolítico del cerro de San Isidro. El río Manzanares vino con ello a convertirse en un centro de atención esencial dentro de los estudios de la Prehistoria peninsular. Sin embargo, con la llegada de la Guerra Civil, las investigaciones disminuyeron bruscamente.
Uno de los más antiguos problemas con el que se enfrenta el estudio del Paleolítico en Madrid es la abundancia y dispersión de materiales procedentes de recogidas antiguas.


EL MEDIO FÍSICO

Formaciones litológicas y geomorfológicas:
 Dos grandes complejos geológicos dominan la región de Madrid: la Sierra de Guadarrama y la depresión del Tajo, diferenciados a partir del terciario merced a los procesos de basculación.
La litología madrileña se caracteriza por la presencia de materiales ígneos de tipo granítico en la zona serrana por la existencia de arenas, yesos, arcillas, carbonatos sílex y arcosas en la depresión, y por materiales similares en los depósitos cuaternarios supuestos a estas formaciones.
Se pueden localizar distintos procesos morfogenéticos en la región, entre los que cabe destacar coluviones y derrames relacionados con los procesos de gravedad en vertientes, llanuras aluviales y los rellenos de fondo valle.
Los complejos sistemas de terrazas de los ríos Manzanares y Jarama constituyen uno de los problemas geológicos de mayor significación por su tradicional aplicación como marcador cronológico y cultural en los estudios del Paleolítico. La secuencia de terrazas en nuestro entorno es fundamental, pues han permitido la conservación de restos materiales paleolíticos. Actualmente se considera que la mayor parte de las secuencias de la submeseta sur tienen un origen climático.
Las principales secuencias de terrazas en la Comunidad de Madrid coinciden con las zonas arqueológicamente más ricas, las del Manzanares y el Jarama.

Reconstrucción del paisaje:
Tratar de ofrecer una reconstrucción ambiental para el cuaternario en nuestra zona es una tarea muy complicada, pero gracias a algunos trabajos se presentan estudios que permiten reconstruir un modelo que confirma la alternancia climática y muestra las siguientes condiciones:
  • ·         Pleistoceno Inferior-Medio: tres períodos de frío y aridez continentalizados en alternancia con otros tres cálidos y húmedos.
  • ·         Pleistoceno Superior: un período de frío con inicio de pulsos contrastados en esta secuencia.
  • ·         Holoceno: dominio de climatología fría.


Los pocos estudios realizados en yacimientos con presencia humana muestran la existencia de climas estacionales cercanos al actual, pero con diferencias ecológicas. Ello nos permite aventurar la existencia de formaciones vegetales cercanas a las que actualmente definen la serie mesomediterránea.
La flora de este ámbito podría incluir en momentos de máximo frío la asociación de pinus sylvestris con posibilidad en zonas más septentrionales de fagus o Picea. En momentos más cálidos podrían existir asociaciones de Pinus Sylvestris con Quercus.
En cuanto a las asociaciones de fauna cabe destacar que han sido empleadas como indicadores paleoecológicos, cada vez parece más evidente que el carácter ubicuo de muchas de estas especies limita las conclusiones ambientales tradicionalmente empleadas.


ANTROPOLOGÍA

Hasta ahora no han sido localizados testimonios de los primeros pobladores de la Comunidad de Madrid. Es obligado señalar Atapuerca como una referencia inevitable de la antropología madrileña, ya que aquí han sido localizados los restos más antiguos de Europa hasta el momento, pertenecientes al Pleistoceno Inferior y denominados con el nombre de Homo  Antecessor.
Otros testimonios conocidos hasta ahora en la Comunidad han sido los restos de dos molares atribuidos a Neandertales de la segunda mitad del Pleistoceno Medio.


PRINCIPALES YACIMIENTOS Y CARACTERÍSTICAS INDUSTRIALES:

Paleolítico Inferior
La mayoría de los yacimientos del Paleolítico Inferior se encuadran en las diferentes fases del Achelense, sobre todo del Achelense Medio.
Las industrias asociadas a estos yacimientos se componen principalmente de utillaje elaborado sobre nódulos o grandes lascas, con porcentajes marcadamente bajos de cantos trabajados. La ausencia de cantos trabajados y menores porcentajes de triedros y hendedores, respecto de los bifaces podría explicarse por la propia génesis de las matrices en la zona.
Los bifaces son los elementos que han servido y sirven para establecer criterios cronoculturales de peso en nuestro ámbito.
Esta gran industria se realizaba sobre nódulos, grandes lascas y, con frecuencia, sobre fragmentos. Se ha señalado en ocasiones el carácter multifuncional de los bifaces para los procesos de aprovechamiento y despiece de animales, en el trabajo de la piel, la madera, para cavar...
Junto al utillaje ya mencionado se encuentran los útiles elaborados sobre lascas y fragmentos, compuestos de raederas, lascas con retoques, denticulados, estacaduras o cuchillos, entre otros.
Pero, como ya he dicho, la pieza que generalmente nos da la pauta del cambio es el bifaz. Este elemento podría evolucionar en estos momentos desde los tipos de talla parcial, con contornos sinuosos y asimétricos, resultado de una escasa programación técnica y del empleo de percutores de baja calidad o duros del Alchelense Medio a elementos más perfeccionados y de morfologías equilibradas.
A lo largo del Achelense Superior la presencia de secuencias de talla Levallois inicialmente recurrentes irá extendiéndose. Estas técnicas, mediantes la separación de soportes de manera específica, ampliarán el repertorio de las industrias a manejar.

Paleolítico Medio:
Lo primero que se aprecia en esta época es la imposibilidad de llevar a cabo la sistematización de las facies francesas del Musteriense.
En estos momentos tenemos bien documentados importantes yacimientos entre los que podemos citar La Parra, Las Fronteras-Pinto, El Negralejo o las Canteras de Vallecas-Camino de Salmedina, entre otras.
Tradicionalmente se ha señalado que las industrias del Paleolítico Medio cambian respecto al Inferior por la forma y proporción en que aparecen determinadas características técnicas, ya que no se registran cambios importantes ni en los modelos de explotación del medio, ni en los tipos industriales. En cuanto a la materia prima empleada se empieza a apreciar una creciente selección de la misma, ya que la evolución técnica conlleva la necesidad de materias primas de mejor calidad. Por otra parte, en este momento comienzan a utilizarse las raederas, denticulados, escotaduras, cuchillos de dorso y las puntas.

Paleolítico Superior:
Hay pocos yacimientos con industrias líticas y óseas que permitan establecer una secuencia en las ocupaciones de este territorio durante el Paleolítico Superior y etapas inmediatamente posteriores.
Se conocen, desde hace tiempo, algunos testimonios en las terrazas del río Manzanares que proporcionaron en su momento abundantes materiales, pero con una atribución cultural muy problemática. Este es el caso de El Sotillo, Tejar de Portazgo, Casa del Moreno, Huerto de San Andrés o Prado de los Laneros, entre otros.
La cronología atribuida a las industrias líticas y óseas de los yacimientos de la Meseta es muy amplia. El caso de El Sotillo apunta a la posibilidad de encontrarnos para el Valle del Manzanares con dos momentos cronológicos separados en el tiempo; por un lado momentos musterienses y por otras fases de un Paleolítico Superior avanzado.
Respecto al arte, gran parte de los historiadores sitúan estilísticamente las manifestaciones de la Meseta en dos momentos avanzados del Paleolítico Superior: el paralelo al Solutrense Superior y el otro en el que se encuentran la mayor parte de los restantes yacimientos con arte Paleolítico de la Meseta. Sin embargo hay que destacar la imposibilidad de elaborar para la zona una secuencia con cierta garantía, debido a la escasez y dispersión de los testimonios, el carácter heterogéneo de los yacimientos o las propias limitaciones de las evidencias conservadas. Los rasgos más característicos del Paleolítico Superior varían respecto al Medio en la estilización de las formas, siendo, nuevamente, la talla bifacial la más representada. Como elementos más característicos encontramos una talla laminar de grandes dimensiones, raspadores en extremo, raederas y buriles diedros y sobre truncadura. Los momentos finales muestran una presencia de talla microlaminar y de geometrismo.


MODELOS DE OCUPACIÓN Y EXPLOTACIÓN:

Distribución espacial del registro arqueológico:
La tradicional ocupación del área central y meridional de nuestra Comunidad durante el Paleolítico Antiguo se ha visto completada por la existencia de nuevos conjuntos en regiones septentrionales, así como la contrastación de una importante ocupación de los cauces secundarios.
Durante el Paleolítico Superior y Epipaleolítico el panorama parece cambiar tanto por el número de yacimientos con que contamos como por su distribución. La información con que contamos para analizar el poblamiento proviene, además de por los conjuntos industriales, por la presencia de restos de arte rupestre y mueble. Dentro de la Comunidad de Madrid solo se cuenta con un yacimiento con arte antiguo: la Cueva del Reguerillo. Últimamente, además de confirmarse la ocupación en la zona serrana se constata la presencia de una importante concentración de yacimientos posiblemente solutrenses en el curso medio del Manzanares, probablemente relacionados con la explotación de recursos líticos de buena calidad.

Hábitat:
Por el momento se carece de yacimientos que funcionen como campamentos en los entornos fluviales. Todo parece indicar que estos entornos de ribera no cumplían las condiciones necesarias para establecer campamentos, sino por el contrario zonas de enorme atracción para la adquisición de recursos. Por ello, lo más que ha podido ser descubierto ha sido la existencia de “altos de caza” con carácter provisional. De existir ocupaciones e este ambiente nos encontraríamos como campamentos al aire libre con un carácter de ocupación temporal.
Sin embargo, sí se podría pensar que pudieron darse ocupaciones más estables en zonas algo más alejadas de los cursos de los ríos y en las formaciones cársticas del norte de la Comunidad.

Modelos de explotación de recursos biológicos:
Nuestro entorno ha dejado muchos testimonios que responden a la explotación, durante fases del Paleolítico Antiguo, de grandes especies. También en este caso caben interpretaciones distintas. O bien la existencia de modelos de carroñeo activo en el que el grupo accede a la carcasa con un repertorio lítico previamente elaborado, o bien de forma oportunista y deambulante aprovechando de manera inmediata los recursos que salen a su encuentro.
En cualquier caso, se constata una continuidad del modelo de explotación de carcasas a lo largo del tiempo, con especial atención a los Elephas.

Modelos de explotación de recursos líticos:
El sílex ha ejercido un papel fundamental en la ocupación paleolítica de la Comunidad. Las cuencas de los principales ríos se encuentran dominadas por importantes cantidades de industrias elaboradas mayoritariamente en sílex y cuarcita. Durante el Paleolítico Inferior las industrias líticas de nuestra zona tienden a decantarse hacia los recursos más cercanos de la zona de ocupación. De esa manera, en el Valle del Manzanares, la industria lítica está constituida mayoritariamente en sílex, frente a los yacimientos de la cuenca del Jarama en los que la cuarcita es la materia prima más representada. Incluso es posible encontrar la explotación de materias poco aptas para la talla en zonas como en el Sistema Central, en donde ni la cuarcita ni el sílex están presentes.
Para algunos, el modelo existente es el de captación inmediata. Este modelo parte de la idea de que existe poca o ninguna capacidad de programación por parte de las comunidades a la hora de obtener sus recursos líticos. Podemos encontrar una estrategia tan expeditiva ya que el Manzanares o el Jarama son cursos en cuya carga existen importantes cantidades de materias primas susceptibles de ser talladas. Además, suele ser común el hallazgo de piezas elaboradas en materias primas no locales.
La aparición de las facies de “tallares” es otro de los argumentos que matizan en cierta medida esta estrategia. Algunos de los testimonios que en los últimos años parecen poner de manifiesto un modelo más rico en la obtención de recursos líticos en la zona centro meridional y las cuencas son Soto e Hijos, Perales del Río, la Gavía, la Torrijana, etc.

Junto a los yacimientos descritos como “talleres” habría que sumar otro tipo de yacimientos caracterizados por la presencia de grandes agregados de industria dispersa de forma superficial. Sin duda, la concentración de yacimientos en la región central de Madrid responde a procesos genéticos complejos. La interpretación más probable es que se traten de extensas áreas de talla acumuladas durante amplios períodos de tiempo. En cualquier caso se caracterizan por poseer una gran heterogenidad tanto técnica como en sus alteraciones y por ubicarse en zonas cercanas a depósitos de materias primas tanto primarios como secundarios. Estos yacimientos no parecen ser parte de terrazas desmanteladas y sí el resultado de acumulaciones antrópicas sucesivas que sufren procesos erosivos de arroyada o escorrentía. En la cuenca baja del río Manzanares se localizan la mayoría de los yacimientos superficiales, de extensión mal delimitada, en ámbitos cercanos al páramo terciario ricos en afloramientos de sílex. De hecho, estos yacimientos y la industria que contienen parecen indicar que el concepto de continuidad en la explotación de recursos biológicos se extiende igualmente a los recursos líticos. Podemos de esta forma observar cómo el modelo está presente tanto en fases del Paleolítico Inferior, como del Medio y es posible que en el Superior. El modelo de explotación de recursos lícitos en la zona norte parece cambiar en la medida en que los recursos de buena calidad son más escasos. En general a lo largo del Paleolítico Inferior y Medio se produce una clara adaptación a las materias primas locales, aunque siempre es posible encontrar materiales procedentes de contextos alejados.