Conociendo el pasado: Horizonte campaniforme y la Edad de Bronce

HORIZONTE CAMPANIFORME:

Se desarrolla del III al II milenio a.C. Está caracterizado por la ornamentación de sus cerámicas más cuidadas y por coincidir con la generalización de la metalurgia en la región de Madrid. Esta etapa coincide con una gran intensidad de poblamiento de las tierras madrileñas, particularmente en torno a las terrazas fluviales.
Mirando al mapa se puede comprobar una concentración en torno a las cuencas fluviales y tramos finales de los principales ríos madrileños: Manzanares, Henares, Tajuña, Jarama y Tajo. Esto es debido a dos causas: La sobreexplotación de estos tramos de terrazas por la extracción de áridos y la intensa urbanización en tiempos recientes, lo que ha propiciado el descubrimiento de depósitos arqueológicos. Y el mayor atractivo que estas zonas ejercieron sobre las poblaciones primitivas, gracias a la abundancia de agua y a la mayor extensión de zonas inundables que facilitan las actividades agrarias y ganaderas.
En cuanto a los hábitats se tratan de un tipo de delimitación natural. Todos se caracterizan por la ausencia de obras defensivas antrópicas visibles y por una arquitectura doméstica realizada en materiales perecederos que no ha dejado otro indicio que las estructuras excavadas en el subsuelo en las que pocas veces es posible definir con claridad auténticos fondos de cabaña.
En cuanto a la arquitectura comunal, únicamente es posible intuir que en algunos casos se excavaran fosos defensivos o delimitadores, rodeando el perímetro habitacional.
En cuanto a las manifestaciones funerarias: se asocian a monumentos megalíticos con inhumaciones múltiples, de lo que es un buen ejemplo el dolmen de Entretérminos ubicado en Collado-Villalba o Alpedrete, en la Sierra de Guadarrama. Los enterramientos realmente característicos de la región de Madrid son las tumbas en fosa abiertas en el mismo momento de la inhumación y que luego se cubrían con tierras y un pequeño túmulo de piedras de desigual tamaño que permitía la localización exacta del lugar. Se trata de hoyos de, aproximadamente, 1 metro de diámetro por unos 70 centímetros de profundidad, en ellos se depositaban una o dos inhumaciones con el cuerpo encogido. Cada vez hay más pruebas de que los enterramientos se practicaban en las proximidades o, a veces incluso, en el interior de los poblados. Esa tradición se mantendría durante la Edad de Bronce.
Entre los objetos muebles, resulta muy significativa la cerámica y los ejemplares más cuidados ornamentados con técnicas de incisión o puntillado, con las que se crean diseños geométricos. Excepcionalmente, hay alguna pieza con elementos figurativos.
Esta es la primera etapa de la prehistoria en la que tenemos conocimiento del uso de los objetos metálicos y de su elaboración. La materia prima utilizada es mineral procedente de la Sierra Madrileña. Tanto la composición de los objetos como la tipología y tecnología desarrollada en su elaboración es equiparable a la del resto de la Península. Frente a la renovación de las industrias cerámica y metalúrgica, la lítica y la ósea ofrecen una clara continuidad con respecto a los horizontes anteriores.


EL BRONCE CLÁSICO: EL HORIZONTE DE CERÁMICAS LISAS

Caracterizado por el gran desarrollo que alcanzan los “capos de silos”. Los hábitats aumentan de tamaño. Además, los enterramientos en el interior de los poblados se hacen más numerosos.
El bronce Clásico del centro y norte peninsular cuenta con la existencia de grupos con una gran personalidad. Se puede observar que, en los primeros momentos de esta fase, hay elementos comunes con el Horizonte Campaniforme y, en las etapas avanzadas, se observa de una cierta identificación con la posterior.
El prototipo del hábitat madrileño lo representa el poblado del Tejar del Sastre, situado a orillas del Manzanares, en él faltan indicios que puedan ayudarnos a delimitar la forma y tamaño de las cabañas. Por otra parte, en estos poblados se llevaban a cabo tareas cotidianas y actividades industriales como la metalurgia. Por otra parte, el desarrollo de una arquitectura de de plantas curvilíneas aleja a estos establecimientos “de silos” de los patrones urbanísticos más conocidos de los yacimientos en altura del área argárica e, incluso, de las características arquitectónicas de los asentamientos en bajo de este círculo cultural.
En cuanto a la distribución de los asentamientos hay que destacar su especial concentración en el área metropolitana de Madrid, particularmente en los distritos del centro y del sur, algunos conocidos hace ya tiempo y otros muchos documentados recientemente.
Ritual funerario: lugares de enterramiento tradicional, para inhumaciones colectivas, como pueden ser las cuevas o grietas naturales. Entre las cuevas madrileñas que pueden contener enterramientos en la Edad del Bronce se encuentra la de Pedro Fernández, posiblemente vinculada a un poblado exterior localizado junto a la boca de acceso. Sin embargo, los enterramientos más conocidos son los practicados en tumbas individuales o dobles, abiertas en el interior de los poblados.
La morfología de las tumbas en fosa nos permite agruparlas en dos tipos:
a)      De planta circular u oval como las de La Presa del Rey, Terrazas del Manzanares, Fábrica de Euskalduna-El Espinillo y El Tejar del Sastre.
b)      De planta circular en la boca pero con un nicho abierto en la zona inferior de la pared donde se coloca el cuerpo del difunto.
El material mueble más habitual en contextos de este horizonte es el cerámico, los recipientes más cuidados se caracterizan por su perfil carenado, con la línea de carena a medida o baja altura y por un acabado espatulado. Las únicas decoraciones existentes son aplicaciones plásticas de mamelones, muchas veces dispuestos sobre la línea de carena. Entre los contenedores de gran tamaño son frecuentes los perfiles ovoides y las decoraciones de cordones lisos o con impresiones.
La metalurgia recuperada es muy escasa y responde a tipos bastante arcaizantes: puntas de pedúnclo, punzones, puñales de lengüeta, hachas planas, etc. Pero junto a estos objetos se han obtenido dos piezas excepcionales: una alabarda y una espada. Aunque es probable que estas piezas fueran importadas, tenemos constancia de la práctica de la actividad metalúrgica en algunos poblados como el Tejar del Sastre que ha proporcionado piezas acabadas.
El material lítico evidencia la perduración de una talla laminar, aunque en menor proporción que en los horizontes previos. En los objetos elaborados destacan, por su número, los elementos de hoz.
En suma, en el Bronce Clásico se presentan no pocos rasgos que denuncian paralelos importantes con el resto de los círculos culturales bien definidos del Bronce pleno peninsular.