Es difícil precisar cuándo y en qué condiciones se
produce la adquisición de la domesticación de animales y plantas por parte de
los grupos que habitan el área madrileña durante la primera parte del Holoceno.
EL PAISAJE HOLOCENO DE LA
MESETA:
Los datos ambientales que poseemos para la Meseta son
muy escasos. A partir de los primeros análisis publicados se ponía de relieve
que el interior peninsular sería una zona estépica, sin árboles salvo
excepciones, favorecida por el suelo y el clima. Durante el preboreal hay un
predominio de Pinus Quercus, con un clima seco y frío. En el boreal se
experimentaría una mejora climática que se tradujo en el desarrollo del
Quercetum mixtum y en la disminución de pinos y abedules. Finalmente en el
período Atlántico la vegetación sería de robles y encinas, acusándose algo más
de humedad.
Los escasos análisis de yacimientos madrileños
corresponden al poblado de El Ventorro y el situado en la carretera de San
Martín de la Vega. En ellos se han detectado pólenes de cereal, pero también un
medio bastante más boscoso que el actual. Aunque pertenecen a momentos
culturales más tardíos, proporcionan una información, desde el punto de vista
climático, que podemos tomar como referencia. Los datos del segundo de los
yacimientos indican para el subboreal una zona de paisaje estépico y vegetación
muy degradada. Los pólenes arbóleos son escasos, en su mayoría pertenecen a
Pinus y algunos a Quercus, Fraxinus, Tilia y Populus. Casi la totalidad de la
cobertura vegetal está constituida por compuestas ligulifloras.
LOS GRUPOS NEOLÍTICOS
MADRILEÑOS:
No
hay muchos datos sobre el Neolítico madrileño. Sin embargo, se puede afirmar
que las ocupaciones se producen en cueva y al aire libre, en estribaciones
montañosas y en los valles de los ríos. Por el contrario, solo se ha podido
especular en torno a la explotación de los recursos o a la forma de adquisición
del alimento, y que no se poseen más que datos indirectos.
Los
hallazgos y el estudio del Neolítico madrileño se han centrado hasta ahora en
dos núcleos principales: la zona Sur-Sureste de Madrid y la Sierra (en concreto
la cabecera del Jarama).
LA CONSOLIDACIÓN
CAMPESINA EN EL TERRITORIO MADRILEÑO:
En
las sistematizaciones tradicionales, el Calcolítico representa el comienzo de
la metalurgia del cobre en sentido estricto, pero la experiencia arqueológica
demuestra que esto no siempre es así y que, más bien, la intensificación
agrícola y los cambios en la sociedad no impulsados por la metalurgia son los
rasgos más significativos del momento.
La
aparición del vaso campauniforme marca, en este sentido, un cambio en distintos
órdenes. Por tanto, se podría decir que las divisiones establecidas son
convencionales y que el límite resulta difícil de precisar. En la Meseta, la
continuidad parece estar clara.
Los
yacimientos de El Ventorro y de Las Carolinas, ambos en Villaverde, ofrecieron
momentos precampaniformes y campaniformes estratificados, pero la
caracterización de los hallazgos de este último es incompleta por lo que no
puede ser empleado para establecer una secuencia. En otros casos, la presencia
de estas vasijas tampoco vale para la datación de los yacimientos.
Los
datos suministrados por algunas de las Cartas Arqueológicas publicadas muestran
la abundancia de yacimientos calcolíticos en algunos de los términos: El valle
del Tajuña ha sido uno de los que ha suministrado un número elevado sobre todo
por la comparación con el Neolítico. En concreto, fueron identificados
yacimientos en la vega, en ladera y en el páramo. El término de Villarejo de
Salvanés (Sureste madrileño) cuenta con la presencia de abundantes yacimientos,
situados fundamentalmente en la mitad sur del término por donde discurre el
Tajo y la mayoría de los cursos de agua en cuyas márgenes se hallan.
Finalmente, en términos como Camarma de Esteruelas, puede señalarse la
presencia de un único yacimiento catalogado como Calcolítico/Bronce.
La
fase a la que nos referimos se atestigua en poblados de “fondos de cabaña” y en
otros situados sobre elevaciones que dominan los valles fluviales y que están
asociados a cavidades empleadas como enterramiento. Su cerámica es lisa con
cuencos profundos y vasijas ovoides con paredes entrantes que pueden tener
pequeños mamelones o perforaciones junto al borde, aunque normalmente son otros
los fragmentos decorados.
Sin
embargo, existen variaciones en el equipo material, por lo que se pueden establecer
dos tipos de conjuntos industriales:
-
El más antiguo estaría integrado por
yacimientos como La Esgaravita (Alcalá de Henares), el Cerro de la Cervera
(Mejorada del Campo) y El Capricho (Barajas). La industria de Sílex era no
laminar en su totalidad, con tipos muy poco característicos acompañados, a
veces, de raspadores de “piedra de fusil” o puntas de retoque plano. La
industria ósea se compone de punzones, algún alfiler y cuentas de collar. Estos
elementos de adorno se completan con una cuenta de jadeíta.
-
El segundo conjunto aparece en Juan
Barbero (Tielmes), Pedro Fernández (Estremera) y El Ventorro con una mayor
variedad de tipos. La industria lítica ofrece útiles sobre lasca y sobre
lámina, además de grandes denticulados sobre sílex tabular y puntas de flecha
foliáceas, lanceoladas o con aletas y pedúnculo. Había también hachas
pulimentadas, molederas, alisadores y cuentas de collar de caliza. La industria
ósea se compone de punzones mejor elaborados que los del otro conjunto
industrial, espátulas, cuentas de collar y colgantes sobre colmillos de jabalí.
Por primera vez aparecen en este conjunto punzones de cobre.
En
cuanto a lo que a la fauna respecta, son escasos los datos que la fauna
calcolítica ha aportado. Esto es debido a las dificultades encontradas para su
realización (excavaciones antiguas, escasa fiabilidad de la identificación,
imposibilidad de tabular los restos, etc.). En el Cerro de la Cervera se
identificó un “cánido joven”. Como dato de interés, cabe recordar los restos de
conchas marinas recuperados en la excavación más antigua de la Loma de Chiclana
que, en todo caso, evidenciaban contactos a larga distancia. Como conclusión
cabe destacar que la fauna parecía ser escasa en los yacimientos calcolíticos,
esto puede deberse a una recuperación parcial de la misma.
EL MUNDO FUNERARIO:
Los
datos son escasos, pero todos indican la práctica del enterramiento colectivo
frente al individual precedente y posterior campaniforme, tanto en las cuevas
naturales como en los monumentos megalíticos.
Posibles
enterramientos múltiples se documentan en la zona Sureste de Madrid, como en el
Cerro de Juan Barbero, donde se recogieron restos humanos depositados en las
grietas abiertas de los yesos. Entre los ejemplos más curiosos encontramos el
de un adulto femenino que presentaba signos de haber sido sometido a la acción
del fuego y otro, un varón, con manchas de ocre sobre los huesos que se han
interpretado como procedentes de la mortaja. Por último, el fémur de un niño de
unos 6 años debió de ser sometido a una amputación quirúrgica con fines
terapéuticos.
En
la misma área, la Cueva de Pedro Fernández proporcionó, en su sector oriental,
restos humanos depositados en el suelo. En la unión del suelo de algunas
galerías con la pared se hallaron también amontonamientos de huesos.
Pero
la verdad es que el único monumento megalítico en sentido estricto es el dolmen
de Entretérminos. Las circunstancias del hallazgo impidieron conocer el número
exacto de enterramientos y los momentos de utilización del monumento. Este
sepulcro de corredor conservaba únicamente dos losas de la cámara, un corredor
incompleto orientado al Sur y se hallaba cubierto con un túmulo de 30 metros de
diámetro, delimitado por una segunda fila de losas hincadas artificialmente. En
el ajuar se encontraron varios elementos de metal, además de cerámica
campaniforme.
En
el IV milenio se documenta también el enterramiento colectivo en los
yacimientos de la Meseta norte, en momentos coincidentes con los yacimientos
considerados neolíticos. En el caso de Madrid, se le ha asignado una cronología
algo posterior.
ARTE RUPESTRE
PALEOLÍTICO EN MADRID: LA CUEVA DEL REGUERILLO
La
Cueva del Reguerillo se localiza en las estribaciones de la Sierra de
Guadarrama, al Noroeste de la Comunidad de Madrid, en el Cerro de la Dehesa de
la Oliva. Fue declarada Monumento Histórico-Artístico de la Nación en 1944 por
contener grabados paleolíticos. El descubridor de este hallazgo fue Don Manuel
Maura, Comisario Provincial de Excavaciones en Madrid, quien solo publicó la
sucinta.
En
el estudio de esta destacan los trabajos geomorfológicos y paleontológicos del
Doctor Trinidad Torres y la intensa actividad espeleológica llevada a cabo
entre 1954 y 1974 que culminó con el descubrimiento y diferenciación neta de
tres regiones o pisos situados a distinto nivel.
Los
grabados paleolíticos se localizaron en el primero y más alto de los pisos con
la boca abierta al NorOeste.