Dice Joan Fontcuberta que la fotografía puede ser una ventana o
un espejo y nos introduce, ya desde el principio, en una concepción semiótica
de la imagen fotográfica, pues afirma que esta no puede ser entendida solo como
un puente entre objeto y sujeto, sino que debemos hacer un esfuerzo para
reconocer cómo la apreciación del mundo queda, muchas veces, supeditada a la
intangibilidad.
¿Hasta qué punto las imágenes nos ayudan a entender el mundo?
Esta es la pregunta con la que deberíamos dirigirnos a Imago, ergo Sum, pues el
autor ha querido jugar con el espectador, ha querido demostrar que, a veces,
"no es oro todo lo que reluce" y que en muchas ocasiones las
fotografías pierden todas sus cualidades para configurarse como huellas de
aquello que muestran, pues a veces ni siquiera esa realidad existe.
La exposición nos entrega, a través de diferentes soportes la
esencia del autor quien, desde sus inicios asume la fotografía como un medio de
introspección, yendo más allá de las apariencias y planteando una antología de
la imagen.
Joan Fontcuberta es fotógrafo, sí, pero también docente,
ensayista y comisario y, como especialista en comunicación y semiótica de la
misma, nos plantea mediante Imago, ergo sum un juego semiótico que transcurre
entre diferentes soportes para llevar al espectador a intensificar su espíritu
crítico.
A partir de aquí nos adentramos de lleno en el universo
Fontcuberta y nos empapamos de fotografías en un contexto fuera de lo que
estamos acostumbrados. Nada más entrar nos da la bienvenida Iván Istochnikov
quien sonriente y de rostro amable nos invita a entrar a su casa para descubrir
el espacio en que él se perdió y hoy nos perderemos nosotros.
Comenzamos la andadura, folleto en mano, por Herbarium, una de
las colecciones "in progress", junto a Fauna y Sputnik. La denomina
así el autor por incorporar siempre algo diferente cada vez que acude a un
nuevo terreno expositorio. El marco que inspira esta obra se corresponde con la
"verdad absoluta", la ciencia contra el arte, la objetividad frente a
la subjetividad. Mediante las imágenes de estas plantas, en apariencia
naturales, quiere mostrar cómo la ciencia también deja atrás su realidad al
artificiar la naturaleza para explicarla, es decir, cuando el espectador acude
al museo y ve las especies animales o las plantas estas ya no se muestran
naturales, puesto que han tenido que extraerse de su hábitat y ahora tan solo
son un icono de lo que fueron en su momento, en cuanto que aportan semejanzas
de cualidades con el objeto representado. El interés de Herbarium está en la
parodia que realiza en torno a Blossfeldt (fotógrafo y escultor alemán
interesado en los elementos botánicos, los cuales fotografía debido a su
calidad morfológica), quien defendía que lo imaginario provenía de la
naturaleza. Pero es Joan Fontcuberta quien, mediante la exposición, quiere
demostrar cómo lo imaginario llega hasta lo natural.
Comenzamos la andadura, folleto en mano, por Herbarium, una de
las colecciones "in progress", junto a Fauna y Sputnik. La denomina
así el autor por incorporar siempre algo diferente cada vez que acude a un
nuevo terreno expositorio. El marco que inspira esta obra se corresponde con la
"verdad absoluta", la ciencia contra el arte, la objetividad frente a
la subjetividad. Mediante las imágenes de estas plantas, en apariencia
naturales, quiere mostrar cómo la ciencia también deja atrás su realidad al
artificiar la naturaleza para explicarla, es decir, cuando el espectador acude
al museo y ve las especies animales o las plantas estas ya no se muestran
naturales, puesto que han tenido que extraerse de su hábitat y ahora tan solo
son un icono de lo que fueron en su momento, en cuanto que aportan semejanzas
de cualidades con el objeto representado. El interés de Herbarium está en la
parodia que realiza en torno a Blossfeldt (fotógrafo y escultor alemán
interesado en los elementos botánicos, los cuales fotografía debido a su
calidad morfológica), quien defendía que lo imaginario provenía de la
naturaleza. Pero es Joan Fontcuberta quien, mediante la exposición, quiere
demostrar cómo lo imaginario llega hasta lo natural.
En Milagros & Co. asistimos a la pura representación del
Realismo Mágico: Fontcuberta nos introduce de manera natural en el monasterio
de Karelia donde unos monjes enseñan a ejecutar actos sobrenaturales. De pronto
encontramos a Foncuberta entre ellos, como si fuera uno más, como si el
espectador no debiera sobresaltarse por ver al autor al otro lado llorando
sangre, entre llamas o controlando los rayos, porque, como podemos ver, el
contexto donde sucede todo esto se sitúa entre montañas, en un lago o en una
pradera. Contextos reales para situaciones fantásticas.
Cuando subimos al segundo piso nos encontramos con Trepat,
dentro de esta parte podemos ver un gran número de fotografías relacionadas con
la maquinaria agrícola y las labores del campo. Llegados a este punto y
viniendo de la planta inferior donde todo lo mostrado era
"inventado", nos preguntamos en qué punto de la exposición nos
encontramos y hasta dónde podemos creernos de todo esto. Sin embargo, si
buscamos información sobre el protagonista de esta parte observamos cómo en
esta ocasión Fontcuberta no ha sido más que un narrador secundario de la
historia que cuentan las fotografías, pues en esta ocasión el trabajo de
nuestro fotógrafo se ha basado en llevar a cabo una recopilación de las mejores
fotografías de los instrumentos agrarios tomadas en aquella época para hacer
que el observador decida si mirarlo desde la función utilitaria de estas
máquinas o desde una perspectiva histórica. Con este apartado de la exposición
dejamos de lado los mundos posibles y el realismo mágico para pasar a la
intertextualidad, en tanto que los elementos mostrados en Trepat mantienen una
relación con los presentados en su época, además de servir de contexto para
conseguir una mejor comprensión histórica de la primera maquinaria usada en el
campo. Gracias a ello conseguimos llevar a cabo una reflexión histórica y
recapacitar acerca del cambio producido en este campo de la tecnología.
Con Pin Zhuang la realidad aflora, aunque tímidamente, pues Joan
Fontcuberta coge su inspiración del hecho ocurrido en 2001 entre
estadounidenses y chinos, cuando una de las naves norteamericanas colisionó con
un caza chino. Este avión fue devuelto a EEUU tras una serie de negociaciones,
pero lo sorprendente de ello es que su devolución fue llevada a cabo pieza por
pieza. De este hecho surge el nombre de la exposición el cual, en su traducción
al castellano, significa "rompecabezas". Lo que hace el creador es
mostrar al público una serie de posibilidades de cómo montar un avión que, a
juzgar por las imágenes, se encuentra dentro de los denominados 'de combate'.
Casualmente en este caso el espectador se encuentra inmerso, sin darse cuenta,
ante un diagrama, o como diría Pierce: ante una semejanza de relaciones típica
de los objetos de primeridad denominados iconos. Y esto puede ser visto como un
icono en tanto que el cuadro donde se nos muestra la forma idónea de colocación
de piezas actúa por semejanza con la realidad que pretende representar.
Securitas nos avisa desde el letrero explicativo el universo
semiótico en el que nos vamos a adentrar unos metros más adelante. Con palabras
como "isomorfismo", "simbolizan", "interpretación
metafórica" o "código" introduce el autor esta parte de la
exposición. Efectivamente, dentro de ella vemos una serie de llaves y montañas
intentando simbolizar la seguridad o escudo a enemigos. Llamamos símbolos a
ambos por convención, porque a lo largo de nuestra vida hemos estado inmersos
en un intercambio social el cual nos ha hecho aceptar que a lo largo de la
historia las cordilleras y montañas se utilizaban como protectores y, hoy en
día, esa protección viene propiciada por las llaves que nos ayudan a
defendernos en nuestro hogar de un posible enemigo. Pero más allá del significado
simbólico de ambos elementos nos centraremos en la "interpretación
metafórica" que el propio autor apunta respecto a ambos conceptos;
hablamos de una relación metafórica entre la llave y la montaña en tanto que
podemos relacionar la cordillera (tenor) con la llave (vehículo) mediante un
fundamento que hace de mediador entre ambas. Este fundamento se basa,
básicamente, en su utilización como 'mecanismo de defensa contra una intrusión
no deseada' y es lo que hace que ambos conceptos, pese a la independencia que
parecen poseer entre sí, mantengan cierta semejanza.
He querido dejar para el final Sputnik la parte del espacio que
nos daba la bienvenida y que ahora nos despide. De nuevo, cuando parecía que
habíamos dejado de lado los mundos posibles, el realismo mágico y las parodias
aparece Sputnik para recordarnos que no debemos bajar la guardia. Parece que
estamos ante una realidad, de hecho, así nos lo presenta Joan Fontcuberta, pero
según avanzamos por la galería… No puede ser, de nuevo el propio autor se ha
fotografiado a sí mismo y ahora no como alguien externo a la historia, sino
como protagonista de la misma. Mediante esta historia fotográfica descubrimos a
un cosmonauta perdido, a un astronauta que, bajo el nombre de Iván Istochnikov
y la apariencia de Joan Fontcuberta nos viene a presentar una historia
inventada, pero tan coherente como una real. De hecho su coherencia reside
incluso en el libro explicativo de dicha exposición, el cual aparece editado
como lo estaría uno de los años sesenta.
Fontcuberta explica en la entrevista que podemos ver en el
último piso de la Sala de exposiciones que la primera vez que expuso este
proyecto lo hizo en el Museo Cosmocaixa como una obra más, buscando
intensificar el espíritu crítico del espectador y, de hecho, lo consigue, pues
cuando nos disponemos a entrar en Sputnik lo hacemos con los cinco sentidos y
tratando de no dejarnos guiar por lo que nos cuentan las imágenes sin más, ni
tratando de encajar las piezas a la fuerza aunque no cuadren del todo.
Presentación de la exposición por su autor
